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Esta web está dedicada a todos los que aún sentimos un brillo especial al recordar las películas de los años ochenta. Aquella época en la que cada estreno se vivía como un acontecimiento y el cine era casi un ritual: las colas en la taquilla, el olor a palomitas, las luces apagándose poco a poco y ese silencio mágico justo antes de que empezara la película.
En casa, los tráilers que aparecían en los intermedios de la tele nos dejaban soñando durante días. Y luego estaba el videoclub del barrio, con sus pasillos llenos de carátulas de VHS que parecían promesas de aventuras. Alquilar una cinta era casi una fiesta, y rebobinarla antes de devolverla, una especie de ley no escrita.
Pero lo más bonito es que aquellas películas no se quedaban en la pantalla. Salíamos a la calle y las convertíamos en juego: las bicis eran naves espaciales, los descampados se transformaban en mundos desconocidos y cualquier palo servía como espada legendaria. Éramos niños en una época donde la imaginación lo llenaba todo, donde las pandillas del barrio eran como pequeñas familias y donde cada tarde podía convertirse en una aventura.
Quizá por eso, cuando pensamos en los 80, sentimos que volvemos por un momento a casa.